jose, ¡ele!

diciembre 12, 2008

lejano oriente

Filed under: Uncategorized — joseele @ 12:16 pm

Mi grupo de 17 orientales y yo (básico 2 todos nosotros) hemos estudiado el contraste imperfecto / indefinido. Gente 1, tema 11. Para mis pobres asiáticos arrojados al al mundo occidental, la aproximación del libro es muy bestia: imperfecto e indefinido se presentan juntos, a la vez, y se empieza a escribir y hablar en pasado desde el primer momento con ambos. Sin pasos previos, sin desmenuzar nada. Esto, en teoría, me parece genial: en la vida real el contraste aparece así de manera natural. Los estudiantes van a estar expuestos a ambos tiempos verbales desde el primer día en que alguien les hable en español.  Es un enfoque realista y valiente. Pero luego me meto en la clase y mi mente abierta a la novedad y al cambio se las tiene que ver ese otro yo, ese cabroncete demasiado acostumbrado a sus tics y a sus manías, ese quejica refunfuñón al que, durante años, le fue muy bien explicar las cosas muy poco a poco y tomándose su tiempo para que todo el mundo lo tenga todo claro: chicos, ahora vamos a hacer un verbo, y dentro de unas semanas, cuando todo el mundo lo tenga claro, haremos el otro. Y unas semanas después, el contraste. Pasito a pasito.

Los estudiantes orientales, como podéis suponer, preferirían al cabroncete. Al que, para facilitarles la tarea, les engañase un poco haciéndoles creer, durante un tiempo, que el imperfecto y el indefinido son dos entes separados, cuyos problemas no guardan relación. Que no son una pareja que va siempre de la mano, afectádose el uno al otro.

La experiencia ha sido esta: durante dos semanas he intentado seguir a pies juntillas el libro y el enfoque superguay-comunicativo que el libro usa. Además, les he introducido en el maravilloso mundo de los procesos terminados y los no terminados. Ellos han hecho un gran esfuerzo y han hablado y escrito mucho. Me han hecho caso sin protestar, muy disciplinadamente, porque durante todo el curso les he explicado que tienen que ACTUAR en español mucho más de lo que lo hacen, dándole menos importancia a la gramática (entendiendo aquí por gramática esa cosa monstruosa que ellos entienden: memorizar conjugaciones y léxico hasta que les duelen las pestañas).  Y ellos lo han aceptado. Uso el verbo aceptar y no creer, porque la fase en la que estoy con ellos es justamente esa: solo he conseguido que acepten mis condiciones como profesor y el sistema de los cursos. Me dio la sensación, a partir de un momento del curso, de que el grupo hubiera deliberado fuera de la clase como una especie de tribu africana que consulta con los sabios ancianos, y todos se hubieran dicho: vale, de acuerdo: aceptamos. Vale la pena hacer las cosas como este grillado sin afeitar nos dice que tenemos que hacerlas. Pero sospecho todo el tiempo que eso no significa para nada que crean en el método comunicativo ni que lo entiendan de verdad. Solo significa que me han aceptado a mí y a mi forma de hacer las cosas. Es un paso grande, pero creo que la verdadera prueba de fuego será cuando se mezclen con gente de otros países en las clases de niveles superiores. Allí no conversarán con otro oriental que ha aceptado jugar a ese extraño juego de conversar “como si fuera verdad” para practicar la gramática, sino que estarán delante de un italiano o un belga que conversa con gran naturalidad, sin ningún problema, y que les obliga a ellos a mostrarse naturales también. Entonces tendrán que abrirse de verdad o mantenerse cerrados como hasta ahora. Ese será el punto crítico de su evolución como estudiantes de lengua. Sólo entonces sabrán lo que significa el método comunicativo, y nosotros sabremos que lo saben. Espero que muchos lo consigan.

Solo el último día, después de haber seguido Gente punto por punto en lo tocante al contraste de pasados, les di una fotocopia de las de antes, con un ejercicio estructural de toda la vida del tipo “pon el verbo en la forma correcta”. No os imagináis como me sirvió dársela, aunque fuera solo para ser testigo del alivio -casi físico- que sintieron. Para poder medir yo, como profe, lo mucho que les cuesta el cambio de enfoque pedagógico. El gran esfuerzo que están haciendo por cambiar de estilo de aprendizaje. Creo que es algo que no debemos tomar a la ligera. A veces yo me he reído un poco (o no tan poco) de ellos, injustamente, diciendo que son duros y cerrados, pero en realidad están haciendo un esfuerzo descomunal. Recibieron la fotocopia como si fuera maná del cielo. La trabajaron en silencio, muy concentrados. Mientras la corregíamos todos estaban tan concentrados en entender las soluciones que parecían casi hipnotizados. Estaban en su salsa. Eso es lo que quieren. Después de la corrección, nos pusimos a hablar del tema. No les saqué mucho, porque ellos no cuentan mucho: solo que preferían ejercicios de ese tipo a los que hacemos siempre.

Resumen: creo que toleran mi método pero, en privado y sin confesarlo, siguen acumulando palabras y flexiones verbales como un avaro acumula billetes para no gastarlos nunca.

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1 comentario »

  1. Querido Jose,

    no te puedes imaginar hasta qué punto me siento identificada con esta entrada. Como sabes, durante este trimestre he estado dando Básico 1 oriental y por mi cabeza no ha parado de surgir la misma pregunta: ¿ qué método es el mejor para el perfil de estudiantes que tengo?Nos han/hemos metido en el coco que el método comunicativo/por tareas el es mejor pero, ¿ hasta qué punto? ¿ es siempre válido? Mi experiencia durante estos 3 meses ( sabiendo que es muy poco tiempo) me ha enseñado que no hay un método mejor sino que el profe debe probar diferentes tipos de actividades y debe observar cuáles son con las que los estudiantes se sienten más cómodos, cuáles son más efectivas, etc. Es decir, nosostros debemos dejar a un lado nuestro afán puritano por el método comunicativo y ellos deben ir acostumbrándose a que aprender una lengua no es sólo memorizar reglas y palabras. Creo que todo es un camino en el que, poco a poco, nos debemos encontrar aceptando nuestras tradiciones de aprendizaje/enseñanza tan dispares a veces. Nunca he hecho tantas actividades de rellenahuecos como en estos 3 meses, pero estoy segura que ellos no han practicado tantas situaciones comunicativas en el mismo tiempo. Al final, encontraremos “nuestro método”, aunque para ello tengamos que probar, equivocarnos, observar y volver a probar.
    Oye, te dejo que tengo un claustro, jijiji

    Comentario por anaele — diciembre 12, 2008 @ 4:48 pm


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